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Terra
La Coctelera

Verdad

Tautología

A Marga Laverdá le impusieron un liderazgo incontestable. De manera que se echó a andar seguida de sus compañeros cruzando la antecámara hasta llegar a la estancia principal de la sala nº 27. El número en sí solo le agradaba en cuanto le recordaba lo generacional. Y no era retorcida, pero escuchar el elegante “No somos nadie” o el sufrido “Te acompaño en el sentimiento” le seguía pareciendo más genuino que el gesto contrito o el abrazo huero. Aunque de sobra sabía que en estos casos lo más apropiado era lo que Lucky Luciano, persona poco recomendable, dijo una vez :  en cualquier negocio lo más importante es no ser el muerto.

Verdad

El reino de la felicidad

Siempre quisimos tener una hija. Y nos costó. Tanto que mi marido colocó un pequeño altar en casa con todos los budas a los que dedicaba sus oraciones. Yo, más escéptica, confiaba sólo en la naturaleza. Al fin vino. La pusimos por nombre Alicia, del griego a-lezós, sin velo, es decir la verdadera. Desde Bután, donde llevaba unos meses trabajando, mi querido me envió una preciosa pulsera de perlas cultivadas para conmemorar el acontecimiento. Yo no quise revelarle que había visto su informe del urólogo, también él calló.

palabra

quince eme

Estaba tan ensimismada últimamente que no controlaba sus propias palabras. Así que un día se le escapó muy bajito hijodeputa y ante la cara de asombro de su compañero se corrigió: sí, me gusta. La mañana, la camisa., lo que cuadrara. Otra tarde, cuando el heladero dejó caer la bola de chocolate ante su mano,  por su boca empezaron a salir sapos malformados con cara de bruja hambrienta. Viendo que el mal iba a mayores, y que no había rediós acojonado que no quedase con cara de gilipollas, se convirtió en estatua silente en la Puerta del Sol.

palabra

Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca

Le extendió un cheque, pero no le satisfizo la cantidad. Estaba escrita con letras puntiagudas y desiguales, de caligrafía masculina, y le dieron mala espina, igual de punzantes. Para hacerse comprender, escribió sobre un folio en blanco unos números, muchos, un desfile casi interminable a ojos del director. Lo valía. Había sido un silencio perpetuo, como las nieves del Kilimanjaro, y doloroso en muchas ocasiones. Desde ahora ya no habría mensajes, ya no habría necesidad de inventarse el uno al otro. Recogió todas sus cosas en una caja, como en las películas americanas, pero quiso dejar su planta. Los limones empezaban a despuntar.

palabra

Enbrullarse

Hurgaba con un palito en el hurmitrero y sacaba una a una con un tropal; como se le enjarciraban entre los dedos, probó a resolplirlas con un escuchicidor que encontró detrás del pincorrete. Qué maribillosamente se veían ahora. En el antiguo álbum, todas periclostonadas, rendían homenaje al besostés y a la condulzina. Ahí quietitas para la eternebúrea imagen del tiempo que se extravanece y deja una huella injaforrable.

palabra

Palabras Cruzadas

Aparcó el coche de alquiler en la puerta del Cocolisso's. Desde que salió del aeropuerto había contado treintaisiete anuncios de ropa de baño. Ganaban los bikinis sobre los bañadores y le apetecía tomar una copa. Cruzó la puerta arrastrando la maletita con ruedas y se sentó en la barra. Como era temprano, las chicas pensaron en un viajante dispuesto a ser generoso; pero tras la tercera copa le dejaron con sus crucigramas y avisaron a la patrona. Cuando salieron del reservado, el local ya estaba lleno y en la cara de la madama había una sombra, más intensa que la arruga más profunda.

Días más tarde, revisando las grabaciones de las cámaras de seguridad, se pudo ver cómo un hombre con una maleta rompía el neón de la entrada, escribía algo en un papel y se marchaba en su coche de alquiler.

palabra

jugar con palabras

En el poste de la carretera hace tiempo que la C quedó colgando de su curva de neón. Los clientes se lo habían dicho muchas veces a la madama,  pero esta no atendía a requerimientos vanos. Mandaba a las chicas cuidar de los sedientos de noche y estímulo vital mientras devanaba en su matraca interna el siguiente pensamiento: Con un lado oscuro consigo atraer idiotas demasiado orgullosos. Y acrósticamente vencida, daba con su verdadera preocupación. ¿cuál era? ¿la sabes?

 

palabra

Nada que declarar

No caben más preguntas en la cara angulosa del policía: viajero con vaqueros y camiseta, bien afeitado, pelo corto, casi una sonrisa en la cara y hombros relajados, salvo la previsible tensión del arrastre del equipaje. Pero el perro insiste, porfía rascando sobre la maleta y el oficial abre y revuelve. Nada oculto, nada ilegal, nada peligroso; solo palabras, miles de palabras sueltas en tarjetitas, en hojas de calendario, en servilletas o posavasos, escritas en infantil letra de molde, en rápidos garabatos, en cansadas letras inclinadas, escritas a máquina o por modernas impresoras. Toda una maleta llena, desbordante.

El viajero recoge los papeles caídos como si quemaran mientras el perro se revuelve inquieto.