No dejar un hueco libre de piel se convirtió en su fantasía más delirante. Unas tijeras con forma de largas piernas femeninas enfundadas en medias de red (en rojo y negro) era lo último. En el brazo izquierdo.

Una pasión lleva a otra, y de aquí a aprender tagalo fue todo uno. Compuso algo parecido a una oda contra la decepción que colocó junto a la tabla de precios.

-¿Qué pone aquí, Mikel?- le preguntaban todas.

Ufano, les alargaba un café cargado para explicárselo y mostrarles su próximo diseño.

Hasta que una se atrevió: -inténtalo en mi cabeza.

Y salió con un rapado en el que vagamente se apreciaba un corazón con unas manecillas.