Es noviembre, primavera en la Patagonia. Sopla el viento pampero en la orilla del río de aguas cristalinas donde Andrés, Jorge y su hermano Patricio pescan truchas con mosca. Todo el día por delante.

Montan una mesa con mantel a cuadros, una botella de vino y una comida sencilla. Jorge cuenta su historia: "Este sombrero que tengo en mis manos lo perdí en el río. Mi hermano lo encontró sesenta kilómetros más abajo."

La pesca es sin muerte: retiran el engaño al pez y con una caricia lenta largan la trucha al agua. El sol brilla fácil en los vasos. ¿Qué estarán haciendo los ricos?, piensan.