La vejez nos devuelve a la infancia.(Dicen). Mi gato asmático rueda su lomo por la esquina del salón, bosteza pausadamente y brinca desganado a su viejo cojín. Antes nos llevábamos bien pero ahora me da alergia su pelo y estoy harta de limpiar por donde él pasa. También a mí me pesan los pies y los años. Le he tejido un cuerpo de lana, a rayas, y una bufanda a juego. Me mira esquivo cuando se la anudo. Pero de este modo solo se oyen mis estornudos en el silencio televisivo de la noche. Los niños siempre son egoístas. Como los viejos.